“Luz de fuego”: la fogata colectiva que quema miserias y enciende comunidad

Este sábado 27 de junio, desde las 16, volverá una de las tradiciones más antiguas. La fogata por la noche de San Juan. Un rito de más de tres décadas que transforma el miedo en arte y lo individual en colectivo.  

El sol todavía estará alto cuando el barrio comience a moverse. A las 16 en punto del próximo sábado 27 de junio, la puerta del Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “Olimpo” se abrirá para dar inicio a una nueva edición de “Luz de fuego”, la tradicional Fogata de Parque Avellaneda.  

No es un festival más del calendario cultural. Es un acto comunitario que lleva más de treinta años encendiendo no solo ramas y maderas, sino también símbolos. Año tras año, familias, comunidades educativas, murgas barriales, grupos musicales y colectivos teatrales se citan para hacer lo mismo: escribir lo que duele, atarlo al Fantoche y dejar que el fuego lo transforme.  

La jornada arranca con la caravana. El Gran Fantoche, esa figura monumental que se construye durante todo el año a partir de papeles, trapos y “miserias” que el público anota, recorrerá las calles del barrio. Lo acompañan percusión, banderas y pequeños fantoches hechos por escuelas, centros culturales. Es una procesión lúdica, artística y profundamente popular que convierte la vereda en escenario.  

El destino es el Parque Avellaneda, pero la parada clave está antes de la pira. En el Playón del Antiguo Tambo, la caravana se detiene y forma un círculo. Ahí comienza el espectáculo central de “Luz de Fuego”. Suben a escena actores culturales del parque, estudiantes del Curso de Formación para la Actuación en Espacios Abiertos y participantes de los talleres del Centro Cultural La Casita de la Selva.  

El dispositivo escénico tiene un guión simbólico claro. El despliegue artístico “provoca la ira del Fantoche”. La figura, que representa todo lo que la comunidad quiere dejar atrás, es rodeada, acorralada y finalmente sometida. Personajes montados en zancos lo atan con telas donde quedaron escritas, a mano, las miserias del año: miedos, injusticias, violencias, lo que no se quiere repetir. Después desfilan los fantoches pequeños de cada institución, como un coro de voces que confirma: no se quema solo.  

De ahí se retoma la marcha hacia las Canchas Peuser, en el corazón del parque. Es donde ya está armada la gran pira: ramas, maderas y estructura para la fogata que da nombre al ritual. Al caer el sol, la ronda se cierra. Se reparten pequeñas antorchas con querosene. No hay un encendido individual: todas se prenden a la vez y avanzan juntas hacia la pira. Cuando las llamas suben, el Gran Fantoche arde con todo lo que traía atado.  

“La luz de fuego nos iluminará una vez más, para seguir apostando juntos a ser mejores personas frente a un mundo distópico que plantea la lucha individual para salvarse solo. Impulsamos la solidaridad colectiva, porque seguimos creyendo que podemos vivir mejor. Otro mundo es posible”, señalaron los organizadores en sus redes. La frase resume el sentido político del evento: oponer comunidad a aislamiento, arte a resignación, fuego compartido a miedo guardado.  

La caravana parte cada año del ex Olimpo, un sitio que interpela directamente sobre lo que una sociedad no debe volver a ser. De ahí la fuerza del gesto: quemar lo que no se desea para la vida personal y para la salud colectiva, pero hacerlo en grupo, con música, teatro y calle.

La convocatoria crece edición tras edición. Lo que empezó como una iniciativa vecinal se volvió punto de encuentro intergeneracional. Van abuelos con nietos, escuelas enteras, murgas que ensayan desde febrero y talleres que piensan el Fantoche como obra colectiva. Cada año la experiencia es distinta porque cambian los cuerpos, los textos y las miserias que se escriben, pero el formato se sostiene: caravana, círculo, sometimiento simbólico, fogata.

Para quienes llegan por primera vez, el impacto es sensorial. El ruido de los bombos, el color de las telas, el olor a madera y querosene, y esa imagen final de decenas de antorchas caminando al unísono. Para quienes repiten, es un acto de continuidad: un momento para nombrar lo que pesa y entregarlo al fuego común.  

“Luz de fuego” no promete soluciones mágicas ni catarsis instantánea. Propone otra cosa: un espacio para traducir lo íntimo en gesto público y para recordar que transformar también es un trabajo colectivo. Cuando el Fantoche cae y la fogata se hace grande, el barrio se va a casa un poco más liviano.  

 

Datos útiles 

Cuándo: Sábado 27 de junio, desde las 16.  

Dónde arranca: Espacio para la Memoria ex “Olimpo”.  

Recorrido: Caravana por las Comunas 9 y 10 hasta el Playón del Antiguo Tambo y luego a las Canchas Peuser del Parque Avellaneda para la gran fogata.  

Quiénes participan: Actores Culturales del Parque, estudiantes de actuación en espacios abiertos, talleres del Centro Cultural La Casita de la Selva, murgas, escuelas y vecinos.