La imagen del 2025 fue una fila de jóvenes esperando que una ventana rectangular se abra para darle el pedido que tomó un local por medio de aplicaciones de celular.
Los pibes o pibas cargarán el pedido en los grandes cubos que tienen por mochilas y comenzarán el reparto.
Allí los despedidos tienen su salida laboral rápida, y cuando alguien del Gobierno le pregunta si trabajaron en los últimos 15 días la respuesta es afirmativa. Listo, hecha la Ley, hecha la trampa.
Pleno empleo, y la balanza laboral no da con tantas bajas.
La cuestión es que cada vez hay más gente en el reparto, y que cada vez están más calificados.
Pero en el interior del interior esto no pasa, sobre todo en las localidades que dependen de alguna industria o empresa en particular. Ante los cierres, no hay posibilidad de compradores suficientes para tantos repartidores.
En las grandes ciudades donde este fenómeno se da en aumento se abaratan los costos de esta logística por la cantidad de oferta que hay.
Decía Dostoievski que la mejor manera de evitar que un prisionero escape, es asegurarse de que nunca sepa que está en prisión.
Y hay quienes piensan que este modelo es eficaz. Que llegó para quedarse. Que son libres de disponer de su tiempo. Porque pueden elegir trabajar dos, cuatro, ocho, doce o 24 horas si así lo prefieren.
Sin embargo no hay que ser muy lúcido en el análisis para comprender que es una explotación, y de las peores, porque no puede renunciar al jefe explotador. Porque es el sistema quien lo oprime y porque de ahí, citando nuevamente a Dostoievski se vuelve un prisionero que no puede escapar.
Hace unos años el periodista Manu Jove entrevistó a Guillermo Moreno, fue en el contexto de un programa de stream donde el periodista le dijo al economista que los jóvenes no estaban pudiendo ahorrar, inclusive él no llegaba a fin de mes con cuatro trabajos. Y Moreno descolocó a toda la mesa diciendo “y si igual no llegas a fin de mes, ¿Para qué trabajas con Johny Viale?” El hecho que terminó con risas de todos los interlocutores, fue una broma pero esconde algo de verdad. El trabajador se sobreexplota para no llegar a fin de mes, está siempre apurado para no terminar en ningún lado. El riesgo de vivir rápido es morir antes.
Y quizá no es sólo un comentario fatalista sino que el sistema así lo quiere.Paremos la pelota.
Una cosa es la sobreexigencia para obtener algún logro determinado y otra es la explotación para sobrevivir, que se escribe parecido a vivir pero esconde mucho más.
La ansiedad de tener una alarma en el celular, el descanso nulo, la autoestima por el piso, eso le hace mal a la salud, y siempre va a tener un medicamento acorde para lo que necesites.
Ya no sos pobre, sino pobre y enfermo, y no servis para este sistema, que primero te envenena y después te descarta.
Es un círculo, la sociedad rota vota a un roto. Como quien piensa que va a ser libre trabajando por encima de sus posibilidades físicas, hay quien vota al verdugo para salir de la prisión.




