¿Cúal es el costo de la democracia?

A 50 años del golpe de Estado han pasado gobiernos de los signos políticos más variados y cada uno le dio una impronta distinta al tema.

Al término de la oscura noche que se autodenominó Proceso de Reorganización llegó el alfonsinismo en 1983. Su premisa fue que sin justicia no había democracia y en 1985 encaró el juicio a las juntas.

Pero tuvo grandes asteriscos. El primero fueron las negociaciones para llegar a ello, y el segundo fue el que explotó tiempo más tarde. Mientras que en 1986 la sociedad festejaba un título mundial, en los sótanos de la democracia había militares que se negaban a ir a declarar. Se promulgó la Ley de Punto Final ese año, y por la ventana veraniega se filtraron las iniciativas para interrumpir los juicios, la respuesta de la sociedad fue inmediata y todo explotó en Semana Santa del ´87, cuando el Presidente dijo “la casa está en orden” y la Obediencia Debida que dejaba a militares impunes ya estaba acordada.

Llegó Menem que después de ver este pasaje de la historia decidió que lo mejor para mantener la democracia era que no haya justicia. En un periodo que él llamó de pacificación nacional firmó el indulto a las militares y también a los grupos guerrilleros.

El siguiente Gobierno que hizo un tema de Estado el genocio de la dictadura fue el kirchnerismo. Ya había pasado el tiempo necesario para parar la pelota e interpelar a los gobiernos democráticos también. En el 2006 modificó el prólogo del Nunca Más, cosa que nunca le perdonaron los autores del informe. Ya que en su versión original decía que el terror anterior de la dictadura fue sucedido por uno aún mayor, lo que puede interpretarse como una teoría de los dos demonios.

Se dejaron sin efecto las leyes de impunidad al declarar que la lesa humanidad no prescribe y los genocidas volvieron a prisión común.

Se modificó el emblemático Nunca Más por “Memoria, Verdad y Justicia”. Fue política de Estado qué pasó en los setenta en Argentina.

Es decir se volvió a la idea de que la democracia sólo funciona con justicia a la décima potencia.

Macri intentó un neo menemismo sin resultado principalmente porque no era Menem y el contexto era muy distinto. El editorial de La Nación el 10 de diciembre del 2015, fecha de asunción del ex Presidente de Boca como primer mandatario expresó que era hora de una unión dejando de lado revanchismos, y de hecho se quiso impulsar el 2×1 para las penas a los militares condenados que finalmente no prevaleció gracias a la convocatoria popular en las calles que lo impidieron.

Llegó Milei que antes de asumir cuestionó el número de desaparecidos, y si Alfonsín hablaba de “Nunca Más”, Menem de “Siga siga”, los K de “Memoria, Verdad y Justicia”, Milei habla de “Memoria completa”. Casi como que cada gobierno contesta al anterior.

Todos, inclusive el menemismo (porque estuvo tanto tiempo en el poder que envejecieron los cuadros militares y los dejó sin poder real para regresar) fueron necesarios para conservar la democracia. 

Probablemente Menem, no hubiese tenido esa política con respecto a los Derechos Humanos si antes no hubiese estado Alfonsín, igual que Néstor si no estaba antes el turco.

Milei viene a romper este sistema de consolidación, por eso fue importante la multitudinaria marcha del martes 24.

Hoy los genocidas que quedan, han sido enjuiciados por sus crímenes y no por sus robos. Cuantiosas sumas tienen en sus arcas personas que defecan en una letrina. Aunque tengan toda la plata del mundo hace décadas no festejan una navidad con sus familias, ni asistir al cumpleaños de sus nietos. Su oportunidad es Milei, y algunos que deberían tener 100 años de perdón por querer robarle a un ladrón les aseguraron que si había guita, había Ley para su libertad.

Eso no pudo ser gracias a la memoria.

Si cada gobierno le responde al anterior, si hay memoria el próximo Gobierno le responderá a éste, si no hay memoria puede no haber próximo Gobierno.