BENEPLÁCITO POR BEATIFICACIÓN DE MAMÁ ANTULA

Los restos de la fundadora en Buenos Aires de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales yacen en la Iglesia «Nuestra Señora de la Piedad».

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires manifestó su beneplácito por la beatificación de María Antonia de Paz y Figueroa, más conocida como «Mamá Antula». Las celebraciones se realizarán el 27 de agosto próximo en Santiago del Estero y el 17 de septiembre en Buenos Aires.

María Antonia de Paz y Figueroa fue la fundadora en Buenos Aires de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales. El 30 de septiembre de 1905, los obispos argentinos se dirigieron a Su Santidad solicitando la introducción de la causa de su beatificación y al año siguiente quedó terminado el proceso canónico. El Decreto de Introducción de la Causa fue elevado a Roma, firmado por el Papa Benedicto XV.

En junio del año pasado se aprobó el milagro de una sanación en 1900, inexplicable para la ciencia, de una religiosa que suplicó su intercesión. Luego, en reunión plenaria de obispos y cardenales de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano de febrero de este año se aprobó el proceso de la causa de Canonización de Mamá Antula.
María Antonia de Paz y Figueroa falleció en nuestra ciudad el 7 de marzo de 1799 y sus restos descansan en la actualidad en la Iglesia «Nuestra Señora de la Piedad». Los diputados Eduardo Santamarina, Eduardo Petrini (PRO) y Gustavo Vera (BC) son autores de la iniciativa.
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SAN CAYETANO Y UNA SANA COSTUMBRE
Miles de personas se congregaron como es costumbre el 7 de agosto esperando poder tocar la imagen del santo en la Parroquia San Cayetano. Una vez más se pidió por Pan y Trabajo al patrono que convocó menos gente que el año pasado pero con la misma efusividad de siempre.

«San Cayetano, celebramos la misericordia de Dios con los más necesitados» fue la consigna de la peregrinación de este año, que inició con las palabras del obispo auxiliar, Eduardo García, en Cuzco 150, y culminó con la misa realizada por el arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina, Mauro Aurelio Poli a las 11 de la mañana. El templo abrió sus puertas a la medianoche, tras una llovizna de fuegos artificiales que encendieron la oscura noche de ese jueves a la madrugada.

Como hace 33 años, la primera en ingresar fue la peluquera Delia Noris quien, de rodillas, recorrió el camino entre el umbral del templo hasta el interior. Luego entró un grupo de seguidores en sillas de ruedas, por sus dificultades.

Se realizaron misas cada hora entre las 4 y las 10 de la mañana, luego entre las 13 y las 23, cada treinta minutos. Cerca de 1.000 voluntarios, 200 sacerdotes y 800 scouts asistieron y repartieron pan, caldo y mate cocido entre los fieles que aguantaron el frío por muchas cuadras.

La parroquia ubicada en el barrio de Liniers guarda en si una historia tan antigua, como la de la Ciudad de Buenos Aires.

Esas tierras formaban parte de los campos de descanso de un virrey, el mismo que se alzo contra los ingleses en 1807 y por ese motivo la corona española decidió nombrar a Liniers, quién era francés, el administrador de estos lares.

Liniers le cedió los campos a las Hermanas del Divino Salvador, el grupo de monjas que levantaron la capilla de San Cayetano.

¿Quién fue San Cayetano?

San Cayetano fue un presbítero italiano que nació en Vicenza, en 1480. Su verdadero nombre es Gaetano di Thiene, y es el menor de los tres hijos del conde Gasparo di Thiene -un militar que murió en una batalla en 1492- y la condesa Maria da Porto.

Gaetano estudió Teología y Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Padua hasta que, en 1506, una vez obtenido sus doctorados viajó a Roma donde conoció al Papa Julio II. Allí, el Máximo Pontífice lo nombró protonotario apostólico y secretario privado, hecho que lo obligó a vivir el Vaticano. Durante esa etapa, ayudó a reconciliar la Santa Sede con la República de Venecia.

En 1513, cuando fallece Julio II, se retiró de la vida cortesana, estudio para ser sacerdote, fue ordenado a sus 35 años y fundó una sociedad de sacerdotes y prelados, a la que llamo Oratorio del Amor Divino.

Desde 1522, tanto en Vicenza, su ciudad natal, como en Venecia, trabajó en hospitales y oratorios donde ayudó a las personas menos favorecidas, como los pobres y enfermos incurables.

En el año 1524 fundó la orden de los Teatinos (o Clérigos Regulares) junto con el obispo Juan Pedro Caraffa, quien poco tiempo después sería elegido papa con el nombre de Pablo IV. Esta nueva orden fue aprobada por Clemente VII y confirmada definitivamente en 1532, tenía como objetivo renovar el espíritu y la labor misionera de los sacerdotes y su principal regla era que sus miembros no debían poseer nada: «Queremos ser pobres, no poseeremos rentas, ni tierras, ni beneficios eclesiásticos. Tendremos prohibido pedir limosnas o participar en negocios. Solo aceptaremos las donaciones espontáneas del pueblo», aseguraba el petitorio de aprobación elevado a consideración del Pontífice.

El primer milagro de Caetano fue en Venecia mientras visitaba un hospital. Según cuentan, llegó a la cama de una joven a la que estaban por amputarle una pierna debido a la gangrena que padecía. Cayetano, le sacó la venda, le beso la pierna y le hizo la señal de la cruz. Al otro día, cuando los médicos se aprontaban para la operación, notaron que la muchacha estaba curada.

Murió en Nápoles a los 77 años, el 7 de agosto de 1547. Fue beatificado el 8 de octubre de 1629 por el papa Urbano VIII y canonizado el 12 de abril de 1671 por el papa Clemente X.